2 nov. 2007

Divanes magicos

Imagen: http://www.caloi.com.ar


Ayer por la mañana me levanté, sin hacer ruido para no despertar a nadie, y fui a desayunar al bar de la avenida. Pedí un café con leche con medialunas. La verdad es que el café estaba un poco frío, pero lo peor es que el mozo se olvidó de traerme las medialunas, así que me quedé con un poco de hambre. Pensé en comprar medialunas en la panadería, pero al ver el cartel que decía "No hay monedas" desistí y volví a mi casa. Ya era la hora de ir a trabajar. Salí a tomar el colectivo. "Viajar así no es humano" pensé. Es que eso de viajar parado y que la gente te pida permiso para pasar detrás tuyo, mientras le pedís perdón por estar en el medio del camino, no sé, no me acostumbro a eso. Para peor una mujer que estaba al lado mío, tosió, y después me miró. Tal vez tenía alergia a mi desodorante o vaya a saberse, no sé, pero no me gusta que tosan por culpa mía así que me fui para el fondo. Finalmente bajé del colectivo y caminé las cinco cuadras hasta la oficina. En realidad el colectivo me deja a tres, lo que pasa es que mi costumbre de tocar timbres muy cortos para no molestar al chofer, hace que a veces éste no los oiga y termine bajando en la siguiente parada. Al llegar a la oficina era un poco tarde, conté las personas que esperaban el ascensor y eran siete, al menos viajaría en el primer turno pero mi alegría duró poco: detrás mío apareció el cadete de la empresa, el pobre chico es nuevo y no puede llegar tarde o no le renovarán el contrato, lo pensé y sin más subí por la escalera los diez pisos. Al llegar me crucé nuevamente con el cadete que salía a hacer su recorrida. "Esperame que te doy un sobre para que lleves al Ministerio" , le dije. "No puedo, me lo da a la tarde, estoy apurado" me contestó mientras le guiñaba el ojo a la recepcionista y bajaba por la escalera.
La recepcionista no me saludó, como de costumbre, no lo hace desde aquel día en que Bérmudez y Colpato me metieron la revista esa de mujeres desnudas en un sobre abierto dirigido a mi nombre y lo dejaron en la bandeja de recepción, y ella lo vio. Yo no quise decirle la verdad, porque no quiero que digan que soy un buchón. Después de todo Bérmudez y Colpato son mis amigos, ellos siempre me dicen que nadie prepara el café como yo y que si yo no los ayudo ningún trabajo queda bien hecho.
El jefe en cambio me dice que me esmere, pero yo ya no sé que hacer para satisfacerlo. Para colmo él sabe que yo sé de su relación con la recepcionista, y me dijo una vez que como no sabe si alguien mas sabe que yo sé lo que nadie sabe, entonces no me aumenta el sueldo. Está bien, eso lo entiendo, porque podrían pensar que me lo aumenta para que no cuente de su relación. Igual tan mal no estoy, porque él me dijo que la única persona en la que confiaba para encargarle un trabajo era yo. Hace dos meses que dedico unas horas por día a limpiar y ordenar el archivo del sótano. "Sólo usted va a hacer el trabajo y no va a dormir la siesta allí" , me dijo cuando me lo pidió. Al menos sé que no va a echarme. Si por un momento pensara que lo fuera a hacer, no dudaría en renunciar antes, no quiero que el día de mañana los demás lo consideren culpable si es que yo fallo en algo y debe prescindir de mí. Pero lo que les quería contar es otra cosa. Empiezo terapia. Mi mujer me mandó porque dice que no puede ser que no me aumenten el sueldo después de cinco años. Yo le explico que no necesito, que es mucha plata, que me alcanza con contarle mis problemas a ella durante la cena, pero ella insiste y finalmente, no quiero contradecirla.

...

Hoy se cumple un año desde que empecé la terapia. Mi ex-mujer me pide que vuelva con ella pero ni pienso: la recepcionista tiene diez años menos, mejor cuerpo que ella, y además hace todo lo que le pido. A mi ex-jefe lo cruzo a veces por la calle, no me saluda. Es lógico, pobre tipo, quedarse sin amante y sin laburo en el mismo mes es demasiado para cualquiera. El cadete ahora es empleado y hace el trabajo que yo hacía antes. Eso sí, no lo mando al archivo: esa tarea es de Bermúdez, que además, aprendió a hacer café y a trabajar solo. Ya no viajo en colectivo, vengo en auto, y jamás acepto un café con leche que esté frío. Eso sí, por echar a Colpato y pagarle la indemnización, el balance de este semestre dio negativo y no tendré las ganancias que esperaba. Lo tendría que haber obligado a que renuncie, no hay caso, en el fondo sigo siendo el mismo estúpido de siempre.